Tapo mi rostro con ambas manos. Entonces, logro perderme al otro lado de océano. Pasando una cordillera blanca, está la otra parte de mi corazón.
No deseo abrir los ojos aún. Me gusta perderme un momento en mis recuerdos, en el pequeño mundo que tenía. Las rosas del jardín de mi padre, la mano de Tita, mi madre y yo en un pequeño café.
¿Por qué comenzar a recordar tanto? Los días eran rutinarios, y soñaba entonces con mundos diferentes, pensaba que las respuestas a mis preguntas estaban muy lejos, y que por ese motivo tenía nostalgias de lo que no conocía. Y así fue, a esa hora precisa. Sin embargo, desde el día que el avión despegó comencé a tapar mi rostro con las manos, cada vez que me sentía extraña en ese mundo que antes no tenía.
Hay otros momentos, en los que me pierdo en la inmensidad de unos ojos, que cambian de color durante el día. No me han dejado sola ni un instante. Han sabido esperar, callar, y sobretodo no me han dejado de acariciar. Ese es el motivo de haber dado un salto tan grande. Por primera vez, sentí la caricia de una mirada. Cuando ellos me miran, me siento hermosa, única y con ganas de detener el tiempo. Cabe recalcar, que cuando destapo mi rostro, al dejar mis recuerdos en un cofre guardado,siempre, sin fallar un día, los encuentro mirándome.
Mis días transcurren a un ritmo distinto. Todo se calmó de repente. Los espacios de silencio se hicieron casi eternos, al principio. Siento que lo necesitaba aunque yo no lo supiera. Cada día aprendo y veo pedazos de mundos diferentes: palabras en catalán, costumbres diversas, camino por calles nuevas, tonalidades de cielo distintas, paisajes desconocidos.
¿Una extranjera? ¿una inmigrante? no lo sé, esas palabras las usan quiénes pueden mirarte, pero yo, a mi me importa la visión de mi misma. Estoy en un proceso de aprendizaje, solo que no hay horarios, ni dosificación de contenidos, todo lo vivo sin previo aviso.
Treinta y cinco años vividos. Quiero que mi regalo sea: que él me llene el rostro de besos al despertar, mirar el mar mediterráneo, ver cómo el sol de invierno se refleja sobre el agua y crea tonalidades nuevas; quiero caminar en medio de árboles de cerezos, quiero sentarme en un café por las calles de Barcelona y mirar la gente pasar, quiero ver "Amelie" y "Cinema Paradiso", quiero que él me lea los versos de Neruda una vez más, quiero que me de un beso cuando menos me lo espero, quiero que tome de la mano mientras caminamos juntos, quiero tomar fotos del atardecer, quiero comer crema catalana, quiero comer un asado peruano, quiero escuchar a Chabuca Granda, quiero bailar con él "el ratón" de Cheo Feliciano y la Fania all stars, quiero que al comer juntos tomemos una copa de vino y poder perderme en sus ojos, quiero que me abrace cuando tapo mi rostro para llegar hasta el otro lado del océano. ( y entonces escucharé los discos de vinilo que me ponía Richard cada 23 de enero)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada