viernes 21 de enero de 2011

estaciones


Dilaté el momento lo más que pude. Pero, ya llegó. Meter mi vida en dos maletas y que me digan cuánto deben pesar mis recuerdos es casi surrealista.
A alguien se le ocurrió que la vida eran como las estaciones. Cada instante tiene un matiz diferente. Pero no se puede pasar a una etapa sin haber vivido la previa. Es la primera vez que siento que mis estaciones están agolpándose unas contra otras. Se caen las hojas de mis nostalgias, siento brisas nuevas en el rostro, el sol vuelve a salir en una alegría, aparecen flores en fotografías antiguas. Todo en mi vida tomó un nuevo orden y al mismo tiempo siento un espacio caótico.
En este paradero de mi vida, dejo un todo y comienzo otra vez. Es como ser consciente de que reencarnaste y hay una segunda oportunidad de hacerlo mejor. Tienes los recuerdos, pero la tierra es extraña, las miradas distintas, el cielo quizás es más azul y el agua sabe diferente.
Lo curioso es, que en medio de todo esto, al escoger un objeto o deshechar otro, me di cuenta de lo que es importante para mi: quien cuida mis días, mi familia, todo lo que toca el alma de manera distinta y la amistad con aquellos que al conocernos, nos entendimos.
Necesito detenerme y lo hago en este escrito. Mi válvula de oxígeno. Me refugio en las ideas que se van atrayendo unas a otras, como el agua del río va tomando su cauce, debo dejar que sigan fluyendo hasta que pueda apropiarme de lo nuevo y volverlo parte de mi. Ordenar mis estaciones.